Copa Libertadores River jugó el partido perfecto y dejó a Racing sin nada

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En el Monumental, el equipo de Gallardo se impuso 3 a 0 con goles de Pratto, Palacios y Borré. Fueron expulsados Centurión y Soto en la visita y Enzo Pérez en el local, que en la próxima instancia enfrentará a Independiente.

La foto del final cierra el álbum. Insultos, manotazos, expulsados, escandalete con sangre de Copa, punto final al escandalete de escritorios, chicanas y Conmeboles insólitas. En el medio, el juego. Y el partido, al cabo la única verdad, lo ganó River. Por escándalo.

Hay dos o tres puntos de inflexión que definieron un lance cargado de nervios desde que terminó el partido en Avellaneda y se inauguró el affaire Zuculini. La intención que le puso River y la que no pudo ponerle Racing. El desequilibrio de River en la banda derecha con el triángulo Montiel-Nacho-Quintero, el hambre al fin saciado de Pratto para ganar los duelos personales y ser implacable en el área. Las manos de Armani.

Entonces, River salió con el cuchillo entre los dientes para ganar cada centímetro y para disputar cada pelota. Una vez conseguido el terreno, manejó siempre bien la circulación desde la frialdad de Juanfer para manejar aceleración y pausa, el pase largo a la diagonal de Pratto o de Borré o el cambio de frente hacia la trepada de Casco o la aparición de Palacios. En suma. Racing tuvo una vía para llegar a Armani. River usó todas las variantes.

River abrió la lata que estaba arriba del escritorio con un uno-dos letal. Primero en aquella llegada por izquierda no concretada. Enseguida con el pase atrás de Montiel que Pratto resolvió con un bombazo. En el momento justo, antes del cuarto de hora. Entonces, si antes para Racing hacer un gol era necesario, ahora le era imprescindible.

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Los videos del Barcelona son muy populares. Nery Domínguez hizo de Busquets y se metió entre Sigali y Orban pero ni él es Busquets ni sus compañeros son Piqué o Umtiti. Entonces, esa sana intención de salir limpio se frustró por la técnica insuficiente y porque el equipo no cumplió con la otra parte del concepto. Los volantes no bajaban para recibir e iniciar la progresión. Naturalmente, entre Zaracho, Cardozo y Centurión y la salida de Domínguez quedaba un desierto que River aprovechó con sus fuerzas de ocupación. Era fácil. Adelantarse y presionar. Pero a presionar de verdad, no de manera testimonial. Y a partir de la recuperación, rápida y bien arriba, River dominó el juego.

Luego se trató de ser preciso y veloz. De saber cuándo y dónde meter el pase. En eso, Juanfer mostró su maestría. Sus compañeros estuvieron a la altura. Concentrados, rápidos, dispuestos. Después del gol de Palacios hubo tres situaciones clarísimas, dos salvadas por Arias. ¿Hubiera estado mal cerrar la primera parte con 3 o más goles de diferencia?

Hecha la brecha, Gallardo fue moviendo el equipo con los cambios y apostando al contraataque. Estaba cantado. Racing debía ir. Y fue. Sin luces, sin creatividad y enfrentando a esa misma tensión que River había puesto para atacar, ahora al servicio de defenderse. Hubo alguna situación favorable (Bou), un par de centros al bulto. Y nada más. Vergüenza deportiva, eso si, les sobró a los de Coudet. River, escondido detrás de los árboles, en cualquier momento salía a cantar piedra libre. No pudo en un par de réplicas. Lo consiguió en un córner que definió Borre. Estaba todo hecho. Salvo esa foto del final. La que recuerda que se jugaba la Copa.

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